La economía es solo una parte del Universo

El texto no es mío, solo lo difundo por deber.
Exordio

Cuando inicié mis estudios de Kabbalah me sorprendió el hincapié hecho sobre las letras. El modo en que El Santo, bendito sea; aquel que no tiene nombre porque nombrarlo sería limitarlo; busca la letra para comenzar la creación. Y vino a mí el último evangelio. Sí, el de San Juan. Comienza “En el principio era el verbo; y el verbo era Dios.”

El poder de la palabra.

Aquella que forman las letras.

La que da origen a la creación. Sin palabras nuestras ideas no pueden conocer la materialidad.
A medida que bajo las ideas a papel –o al lenguaje- surge, a menudo, dentro de mí la necesidad de disgregar en estos temas de la palabra remontando los ríos tortuosos e intrincados de la Etimología. Muchas veces, por su fonética o su ortografía, las sílabas traen onomatopeyas confusas que derivan en interpretaciones variadas y distantes del origen de las mismas. En otras ocasiones solo es un reflejo de la osada y frondosa imaginación de nuestro contertulio. En otras lo son por mérito propio y enriquecen nuestro frugal léxico.

Esto me ha llevado a armar pequeños glosarios al pie de mis escritos. Someros, a veces; promiscuos también, con solo el afán de excitar la curiosidad del lector. Sugiero que sean consultados. No por vanidad, si no por el franco hecho de que seguramente hemos compartido la puerta de la duda; y la reflexión de otros ayuda al conocimiento de uno mismo.

Economía.

El Universo es energía.

Está claro que esta afirmación, que parece una verdad de Perogrullo para algunos o una frase hecha para otros, no resulta simple de llevar a la práctica en nuestro pensamiento y actuar diario. Puede que esto tenga que ver con aspectos morales de nuestro tiempo; puede que sólo sea parte de un mecanismo para evitar reconciliarnos y re-ligarnos para poder aceptar quienes somos.

Lo cierto es que todo lo que nos rodea es una parte de nosotros mismos. Sea porque apenas hemos imaginado nuestro Universo. Sea porque somos uno con él muy a pesar nuestro. Da lo mismo. La introspección o la extrospcección forman parte solamente de la misma búsqueda; aquella que abordamos cuando decidimos dejar de jugar al huérfano para matar al dragón que nos acosa.

El tema que me trajo a la reflexión de hoy es que la economía no escapa al dilema existencial propuesto por la física. La economía, tal como la entendemos, no puede escapar de las reglas de la física. Esto se debe, prima facie, a que pertenece a este mismo plano dual del Universo en el que vivimos. A cada fuerza aplicada hay una idéntica que se opone a ella. Principio de equilibrio, que le dicen. Este principio da origen a dualidades que, por supuesto, van más allá de los valores éticos o estéticos de cada época. Y si, por otro lado, no la hubiere obedecería a otras reglas, más elaboradas y complejas tal vez, pero de otra física... pero física al fin..
La economía está ligada a las decisiones de miles de millones de personas que viven en el planeta. Cada una de ellas, día a día, segundo a segundo, toma decisiones que cimientan el mercado. Pequeñas, ínfimas, pero que crean el Universo en el que vivimos. Y por minúsculas que nos parezcan, como gotas de agua, no son menos importantes pues forman las olas del océano.

Hay tres aspectos de la física que no podemos dejar de considerar cuando hablamos de la economía. El primero es el principio de conservación de la energía. El segundo es el principio de acción y reacción. El tercero es la ley de atracción.

El principio de conservación de la energía.

La Energía se puede transformar, se puede manifestar de distinto modo, pero sigue estando allí, siendo la misma en cantidad y en calidad. Como consecuencia, si actuamos sobre uno de sus aspectos, habrá otro que se nos escapará. Si calentamos una zona tendremos más presión; y si pretendemos que no aumente su volumen se escapará hacia otro lado en forma de movimiento, sonido, luz, calor o en alguna otra de sus manifestaciones.

Si sumamos las ecuaciones de todos los aspectos que gobiernan nuestro entorno –química, cinemática, termodinámica, hidrodinámica, electricidad, luz, sonido, etc.- veremos que siempre hay un escape a nuestra acción que supera nuestra capacidad de contención o de aceleración del fenómeno que queremos provocar. Siempre está un paso más adelante de nosotros mismos.

Esto no es malo o bueno: es un hecho. Y como todos los hechos nos afectan de acuerdo a como nos presentemos delante de ellos.

Así como el Universo nos responde ante cada actitud que tomamos, la economía hace lo mismo buscando siempre el equilibrio. De este modo, a cada acción unilateral hay una respuesta igual y contraria. Esta reacción puede estar desperdigada en una gran masa, y disiparse; o que puede genera presión en un punto y eventualmente fracturarse. Si actuamos sobre la tasa de interés, bajándola... los ahorristas volcarán sus divisas a otro mecanismo para conservar su patrimonio. Pondrán su dinero en acciones, en otra moneda si la del país es débil, comprarán bienes durables. Si calentamos una olla con agua sellada, el vapor dentro aumentará su presión. Física; pura y simple física. Si imponemos –colocamos impuestos- sobre una actividad encontraremos que solo unos pocos producirán eso, y la subsidiamos ocurrirá lo contrario.

La economía no puede, a pesar de las manipulaciones de los encargados de regirla, escapar de las leyes de la física. Lo único que no podemos hacer, en lo que a la física se refiere, es suponer que nuestros actos, nuestras decisiones, no tendrán consecuencias. No, al menos, en este plano.

Principio de acción y reacción.

A cada acción corresponde una reacción igual y opuesta. Eso quiere decir que todos los actos serán resistidos a menos que todos miremos en el mismo sentido. Esto no es posible, pensarán algunos. En rigor sí, es posible. Pero para que ello ocurra tiene que haber acuerdo. Esto ocurre, si bien no con un acuerdo total, en todos los actos humanos. Es lo que permite que las economías crezcan y que haya transferencias de recursos de un área a otra.

Sin embargo hay una gran pérdida de energía en estos movimientos. Y esas pérdidas de energía se dan cuando uno toma por la fuerza lo que otro tiene. En ese tomar por la fuerza hay fuerza involucrada que no estaría presente si ese movimiento fuera natural. Hay fuerza, e incluso hasta violencia, porque no se presenta como un movimiento natural, espontáneo. Y esto es lo que hoy no se verifica en el contexto mundial donde, la mayoría de los procesos se dan por la coacción y no por la acción. Esto ocurre en todos los niveles y aspectos de la Sociedad. Ocurre entre cónyuges, en la familia, en los clubes, en los municipios, en los estados, en los países y por supuesto entre países.

Esto está relacionado con una palabra que usamos poco: generosidad.

La generosidad no es sólo de aquel que da. Es del que recibe, también. Es la generosidad la que nos permitirá avanzar en este camino de dar y recibir sin perder en ambos gestos. Es un catalizador. Si no hay generosidad hay pérdida de energía en el acto de dar o en el de recibir.
La ley de Atracción.

El otro aspecto que marca una diferencia en cuanto a hechos de la economía es la Ley de Atracción. Todas nuestras decisiones generan, a través de nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, que estas se manifiesten. El efecto de esto es muy parecido al determinismo. Así como podemos simplificarlo en la “profecía autocumplida” desde la visión negativa; o en el pensamiento positivo (“wishfull thinking”) en los aspectos positivos; los pensamientos son acciones que no se llevan a cabo pero que mueven intenciones. Estas intenciones son el motor del Universo y, con ello, de la economía.

Cada pensamiento nuestro mueve actitudes internas que no son ajenas al resto de las personas que nos rodean. Imperceptibles, talvez; pero nunca inocuas. Cada imagen que acompaña nuestro pensamiento trae consigo un sentimiento de alegría, paz, armonía, placer, miedo, desacuerdo, enojo, odio, que se traslada al resto de la comunidad aunque para algunos deseen suprimirlo. Los positivos traerán abundancia; los negativos escasez.

Hace mucho tiempo, mientras veía una carrera de autos en la que los punteros se sacaban los ojos en cada curva, el locutor decía... “A río revuelto, ganancia de pescadores” y el tercero les descontaba segundos en cada vuelta. Finalmente los alcanzó y los pasó. Si ambos hubieran trabajado en equipo no habría perdido ambos los puntos. Esto ocurre a cada rato. Si buscamos la abundancia, vendrá. Si peleamos por la miseria, también vendrá. La miseria, digo; la abundancia brillará por su ausencia.

Si luchamos por la paz... solo tendremos lucha. Si trabajamos por la guerra sólo tendremos trabajo, y guerra. Si buscamos la armonía la paz llegará por añadidura. Si trabajamos por la paz tendremos trabajo y paz. La ira engendra ira. El rencor no combate el rencor, lo alienta.
Si luchamos contra las drogas tendremos lucha y drogas. Si luchamos contra la pobreza, guerra y miseria. Si creemos que hay una conspiración internacional contra nosotros solo le estamos transfiriendo poder a esa conspiración. La hacemos más fuerte.

¿Qué tenía Australia que nosotros no tuviéramos en la década del ’50? ¿O Chile? ¿Eran menos? ¿Eran más? ¿Tenían más recursos? No, solamente no se creyeron la teoría conspirativa. Se pusieron a trabajar y listo. Creyeron en sí mismos no en una conspiración. Trabajaron en equipo y no en combatirse. Aunaron esfuerzos; no anularon esfuerzos y marcaron diferencias.
Al fin y al cabo la actitud con la cual enfrentamos los problemas es esencial para tener éxito en la gesta que anhelamos. Podemos elegir lo que queramos ser, sólo que requiere del valor aceptar que los creadores somos nosotros mismos y eso es fácil de decir para muchos. Hay que dejar de echarle la culpa a los padres y querer ser uno mismo. Por eso, hay que dejar al huérfano y calzar la armadura para combatir al dragón que está dentro nuestro. Porque, créanme, no está en ningún otro lado que en cada uno de nosotros. Hasta que no lo identifiquemos no lo podremos discernir. Nadie puede quejarse de lo que no es capaz de hacer.

Epílogo

Y, a río revuelto, los que ganan son los que encuentran refugio tras las bambalinas del poder. Enquistándose como las rémoras detrás del tiburón y comiendo los restos que él no puede aprovechar. Lo que no se pone en claro es que el poder es del que lo ejerce, por investidura y no por ser. El poder terrenal es del personaje, no del ser. El poder del ser está afectado en otro plano.

Yo no conozco ser pueda quejarse de otro ser. Conozco quienes se quejan de personas. En este caso personas quejosas entregan poder hacia otras personas. Nos cansamos de ver estos casos. Ni vale la pena abundar sobre la casuística. El que es no necesita nada para manifestarse ante los demás porque es.

Retomando el primer párrafo del prólogo, Yo soy el que Soy es quien se manifestó a Moisés en la zarza ardiente. El poder de la palabra es el que manifiesta las ideas que dan origen a la creación. Nuestra o de Dios: da lo mismo.

Glosario (fuente: RAE)

Actitud: Disposición de ánimo manifestada de algún modo.
Animo: 1. Alma o espíritu en cuanto es principio de la actividad humana. 2. Valor, esfuerzo, energía. 3. m. Intención, voluntad. 4. Atención o pensamiento.
Aunar: 1. Unir, confederar para algún fin. 3. Poner juntas o armonizar varias cosas.
Decoro: Honor, respeto, reverencia que se debe a una persona por su nacimiento o dignidad.
Generosidad: Inclinación o propensión del ánimo a anteponer el decoro a la utilidad y al interés.
Decisión: etimológicamente: separar cortando.
Persona: del latín persona; máscara del actor.
Universo: La RAE no es muy específica sobre el tema, lo adjudica a universal. Por universal entiende 1. perteneciente o relativo al universo (vaya gracia). Por universal entiende: que comprende o es común a todos en su especie, sin excepción de ninguno. Yo, en particular, prefiero considerar a la etimología latina de una -uni- versión –verso-; no en el sentido de lo aquello que hay solo una versión existente de algo, sino como la única versión que existe y por ello todo lo que existe.[/quote]
Publicado por:
ignatius
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