FILOSOFIA CHINA

EL PENSAMIENTO FILOSÓFICO CHINO

A quien visita Taiwán por primera vez le puede sorprender la gran diversidad de estilos de vida y peculiaridades culturales que se dan en la isla. Para penetrar este misterio, es necesario comprender previamente las características básicas del espíritu filosófico que subyace en la tradición cultural china.


La nación china posee una historia y una cultura que se remontan a hace más de 5.000 años. Durante este prolongado e interrumpido proceso histórico, surgieron 13 dinastías distintas, cada una de ellas con su propio historiador oficial. La tarea del historiador de la corte consistía en dar cuenta de los acontecimientos culturales más destacados en los terrenos político, económico, social y educativo, así como recopilar todos estos datos para incluirlos en lo que hoy conocemos como las Veinticinco Historias Dinásticas Oficiales. El pueblo Han constituyó el elemento primordial en la larga historia de China. Los miembros de este pueblo llevaron a cabo, a través del contacto cultural y los matrimonios mixtos, un proceso continuado de fusión con los pueblos de todas las zonas de China. Era muy raro que los Han tratasen de conquistar por la fuerza a sus vecinos, excepto como medida necesaria de defensa. Este es el motivo de que exista una marcada continuidad histórica y una destacada diversidad cultural en la tradición china.
La columna vertebral del pensamiento filosófico de la antigua China está constituida por “Los Sabios y las Cien Escuelas de Pensamiento”. De estas escuelas de pensamiento, las más notables son la taoísta, la confucionista, la mohista, la dialéctica y la legalista. Durante la edad media china (siglos III-IX), surgieron la escuela metafísica y el budismo. Las sectas budistas, incluida la famosa Zen (Ch'an en chino), proliferaron. El neoconfucionismo apareció tras la dinastía Sung (960-1279) y continuó su desarrollo durante los seis siglos siguientes. Tanto el confucianismo como el budismo y el neoconfucionismo dejaron una profunda huella en los países vecinos de China, incluidos Japón, Corea y Vietnam. Las principales características de la tradición cultural china que originaron estas escuelas eran la “riqueza de ideas”, la “continuidad histórica” y la “capacidad para reunir distintas culturas”.
La mayoría de los filósofos chinos dedicó su atención principalmente a la “vía celestial” (T'ien-tao) y a la “vía humana” (Jen-tao). Para ellos el cielo no era únicamente “naturaleza” sino también la fuente de toda vida y de los valores humanos. En el concepto de “cielo” queda comprendido el “universo”, organismo que rebosa de fuerza vital creadora. La creación de la vida no se contempla como un proceso físico puramente mecánico sino como un proceso espiritual intencionado. Dicho de otra forma, el hombre es el resultado de la creación constante por parte del cielo de nuevos seres dotados cada vez de mayor sabiduría. Valiéndose de la sabiduría y virtudes que le han sido otorgadas por el cielo, el hombre crea una cultura que no cesa de ganar en complejidad, así como unos valores culturales. Constantemente aparecen en el universo y en la sociedad humana nueva vida y nuevos valores. A esto nos referimos como “nacimiento de nueva vida” (sheng-sheng) y “despliegue de la propia naturaleza inherente” (chin-sing) respectivamente. A la combinación de las dos se le denomina “unidad del cielo y el hombre” o “identificación de cielo y hombre”.
Este tipo de pensamiento filosófico fue promovido principalmente por las escuelas confuciana y neoconfuciana. Los partidarios del taoísmo y del budismo mantienen esencialmente las mismas ideas. El peso de los valores culturales confucianos recae fundamentalmente en el “plano ético”, el del taoísmo en el “plano artístico” y el del budismo en el “plano religioso”.
La filosofía de la “unidad de hombre y cielo” dio lugar a la forma china de ver la vida, que podríamos resumir como “satisfacción con lo que el orden celestial concede a cada uno en la vida”. Este punto de vista proporciona a los chinos una capacidad adicional para experimentar íntimamente la infinita belleza del mundo natural y para disfrutar plenamente la riqueza de sentimientos del mundo de la ética. Al mismo tiempo, les permite evitar el resentimiento y volcarse sobre su trabajo gozando de paz interior. La obra del hombre, al fin y al cabo, es la obra del cielo. Esta manera de considerar la vida proporciona también una especie de consuelo religioso.
La filosofía vital del “nacimiento de nueva vida” y la de la “identificación de cielo y hombre” llevan a los chinos, por una parte, a destacar sentimientos de carácter ético como la “benevolencia” (jen) y, por otra, a atribuir importancia al orden social del hombre y al conjunto de reglas que rigen el comportamiento humano, como la “cortesía” y la “ceremonia” (li). “Benevolencia” es el sentido innato que posee el hombre para la moral y la justicia. Es un amplio y desinteresado amor por los demás. El amor hacia todos se llama “benevolencia”. Se debe manifestar de forma natural y ha de ser tan rico como sea posible. La “ceremonia” requiere reflexión racional y autocontrol. Su finalidad es mantener el orden ético de la sociedad y favorecer el desarrollo en común de una vida armoniosa como comunidad. Cuanto mayor sea el control, mejor. La “benevolencia” y la “ceremonia” son inseparables y se complementan mutuamente. Son inherentes a la naturaleza humana y a ellas se deben virtudes como el respeto del hijo hacia los padres y el deber mutuo entre hermanos (hsiao t'i), la lealtad y la empatía hacia el prójimo (chung shu) y el obrar de buena fe (hsin i).
Los chinos otorgan especial importancia a la virtud de la “piedad filial”. Analizada de forma superficial, la “piedad filial” puede parecer una ética familiar surgida de una sociedad centrada en el clan. Pero sería más exacto decir que se trata de una “ética universal”. Esto es debido a que la vida humana individual no puede separarse del nivel superior de vida representado por el universo. El respeto y el amor del hombre por la vida constituyen al mismo tiempo la principal manifestación del motivo de su existencia. El respeto del hijo por sus padres es la forma más adecuada de manifestar el respeto y el amor por la fuente de la vida. Sólo a través del amor y el cuidado del hijo por sus padres, y del amor hacia los hijos, se está en condiciones de emplear en el presente y el futuro la experiencia vital acumulada en el pasado, formando así una corriente ininterrumpida de vida y manifestando la continuidad creadora del universo.
Esta ética china se sigue manteniendo hoy en día en la República de China en Taiwán. El principal contenido de muchas de las principales fiestas es la celebración de sacrificios al cielo y la tierra, a los antepasados o a los sabios de la antigüedad. Es una forma de expresar respeto y agradecimiento hacia la vida y la cultura. Y han sido nociones tradicionales como la veneración hacia el cielo, la ofrenda de sacrificios a los antepasados y la piedad filial las que más han contribuido a la hora de proporcionar a la República de China una sólida base ética en el aspecto social y en el familiar en su camino hacia la modernización.
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